Carlos Alonso y Dante
Danilo Albero Vergara escritor argentino
Literatura, relatos, crítica, comentarios sobre libros.

La obra del pintor Carlos Alonso (Mendoza, 1929) está ligada a la literatura desde el ingreso a la Academia Nacional de Bellas Artes de Cuyo, en 1944. Según recordó: “en esos años de estudiante mis amigos más entrañables son los poetas Armando Tejada Gómez, Fernando Lorenzo y Víctor Hugo Cúneo, con ellos trabajé en colaboración, porque ilustré muchos de sus primeros libros. Allí arrancó esa veta que me acompaña, porque tomé conciencia de que el trabajo de sumarme a un poema o un libro, es una revelación de una nueva forma de dibujar”.

Al insertarse en esta línea estética Alonso va tras las huellas de Simónides de Ceos cuando, en el siglo V a.C., sentenció: “La poesía es pintura que habla y la pintura una poesía silenciosa”; relación con imagen y palabra muy anterior y que se remonta a la escritura ideográfica conocida como pictografía (del latín pictus, participio de pingere = pintar y el griego graphé = representación escrita de un sonido o de una palabra). Por otra parte, entre los aztecas existían los tlacuilos, suerte de cronistas encargados de dibujar los códices en que llevaban registros de toda naturaleza; en los códices, además de dejar constancia de eventos, los aztecas preservaban su historia en la memoria de individuos, que transmitían sus conocimientos de generación en generación. Observando un códice, los aztecas podían recordar con fidelidad lo que había aprendido de memoria. Así es que el tlacuilo era "el que escribe pintando" o "el que pinta escribiendo”.

Dentro de esta línea de “ilustrador” -en el doble sentido del término: adornar un texto con dibujos o pinturas y dar luz al entendimiento- Alonso ha intervenido, además de Divina comedia; Don Quijote y Mademoiselle Fifí, de Maupassant; Yo el supremo, de Roa Bastos; poemarios de Neruda y, dentro de los escritores argentinos: Martín Fierro, Guerra al Malón, El matadero, Romances de Río seco, para culminar en el reciente Piedra infinita del poeta mendocino Enrique Ramponi, con lo cual Alonso ha vuelto a sus orígenes de estudiante e ilustrador.

La primera parte de sus trabajos sobre la obra de Dante datan de su estadía de seis meses en Florencia donde fue becado, en 1966, para realizar una serie de dibujos -que resultaron ser casi 300- para ilustrar una edición de Divina comedia, proyecto que al final no se concretó, aunque una selección de esos trabajos fue publicada en 1968, sin el texto de Dante.

Pero es su visión en la ilustración de El matadero (1966) la que prevalecerá en las ilustraciones de Infierno de Dante y que, marcan dos descensos de Alonso por tragedias personales. A los veinticinco años, previo a una partida por seis meses a Europa, se casa y, con la esposa, quedan en reencontrarse en Río de Janeiro; días antes de su regreso recibe un telegrama desde la ciudad brasileña donde le informan que su esposa se había ahogado en la playa de Copacabana. Cuando llega a la ciudad, en la pensión donde ella vivía le indican el cementerio, enterrada en una zona donde las tumbas no tenían datos ni fecha de inhumación; es la primera desaparecida en su vida. Su segundo descenso fue por su hija Paloma de veintiún años, secuestrada y desaparecida en la ESMA en 1977.

La muestra Dante x Alonso expuesta en el Museo Nacional de Bellas Artes, es de alguna manera una biografía de su trayectoria como ilustrador -de nuevo en los dos sentidos del término-. Los grabados, dibujos, acuarelas, collages y tintas corresponden a dos períodos creativos: unas son de resultado de su estadía en Florencia –casi todas retratos de formato pequeño-, mientras que el segundo conjunto corresponde a los años comprendidos entre 2000 y 2009. Es en esta última parte es donde aparece su visión del Infierno en relación con crímenes de lesa humanidad, el Holocausto y centros de represión de la dictadura de 1976-1983 -una de las ilustraciones muestra un cuerpo suspendido de los pies que va a ser introducido en un horno crematorio, o Infierno, precedida por un soldado nazi con máscara antigás, acompañado por un mazorquero de Rosas.

Esta manera anacrónica de recrear -y actualizar- la obra de Dante, recuerda al proyecto de tesis de un personaje de Small World (El mundo es un pañuelo) de David Lodge; Persse McGarrigle, joven investigador que acude a su primer congreso literario internacional y sorprende a gerifaltes académicos de alto vuelo cuando comenta el tema de su futura tesis de doctorado: “La influencia de T. Elliot en Shakespeare”. Ante las ironías de sus interlocutores que le dicen que se ha equivocado en el orden de los escritores, Persse responde que no porque, en la actualidad, “no es posible leer a Shakespeare sin los lentes de la poesía de Elliot, ¿quién puede leer Hamlet sin pensar en Prufrock -alusión al poema Canción de amor de J. Alfred Prufrock- o leer el discurso de Ferdinando en La tempestad sin recordar y tener presente “El sermón del fuego” de Tierra Baldía?”. Borges abordó esta manera de leer en su “Pierre Menard autor del Quijote”.

A la manera de Pierre Menard y Persse McGarrigle, esta exposición Dante x Alonso, nos revelan aspectos de la crueldad humana, aggiornada con los nuevos avances tecnológicos. Así, en Dante x Alonso -parafraseando a Persse McGarrigle podríamos decir “la influencia de Alonso en Dante”-, vemos que el plástico ha provocado un corte cronológico y trabaja Divina comedia como un puente espacio temporal con tres puntales: el de la obra literaria, el de la ilustración y el momento de la recepción del espectador. Puente que se actualiza y pone en hora al momento de su visualización: desde VietNam en los distantes 60-70, en los albores de la dictadura del Proceso, a otros infiernos que van de guerras étnicas en África y Asia -muchas de ellas aguijoneadas por encubiertos proyectos colonialistas -, Afganistán -primero invasión rusa, luego por tropas de la OTAN, para terminar, o retornar, al actual oscurantismo talibán-. Ciclo intermediado por la Guerra del Irak y las torturas en la prisión de Abu Ghraib, vejaciones y suplicios fotografiados con celulares y subidos a la Internet por los perpetradores de esos tormentos. Para actualizarse hoy, domingo viernes 13 de marzo 2022, en Ucrania, con bombardeos a escuelas, hospitales, panaderías y columnas de civiles que intentan escapar.

Imágenes que podemos ver en todo momento, mientras disfrutamos las medialunas del desayuno o los fideos de la cena, en directo y con imágenes de alta definición, en pantallas de televisión o del celular. Hasta un punto tal que no sabemos si nuestra vida se desarrolla dentro o fuera de la pantalla. Pero si, en dos infiernos: el de Dante y el de Alonso.





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