Memorias y desmemorias
Danilo Albero Vergara Escritor argentino
Literatura latinoamericana, ensayos literarios, relatos, literatura hispanoamericana

En la RAE, el vocablo memoria tiene catorce acepciones, todas relacionadas con la historia, que van desde facultades psíquicas a recuerdos, pasando por arquitectura, finanzas, a textos escritos donde el autor registra parte de su vida, o toda, lo que derivaría en una autobiografía.

Soy parte de la cohorte de los que llevan un diario personal, otra acepción de memoria, más ligada con la quinta definición de la RAE: “relación de gastos hechos en una dependencia o negociado, o apuntamiento de otras cosas, como una especie de inventario sin formalidad”. Aunque un diario personal tampoco es garantía de un correcto registro, memoria o historia, de lo acontecido; dos protagonistas del mismo hecho lo registrarán o recordarán de manera diferente en sus respectivas anotaciones -un proverbio ruso advierte: “miente como un testigo presencial”-. Otro tanto ocurrirá con sucesos de los que hemos sido espectadores al momento de narrar sobre ellos y, con seguridad, no lo haremos de la misma manera en sucesivas repeticiones. Parafraseando a Heráclito por aquello de: “Nunca te bañarás dos veces en el mismo rio”; nunca recordaremos dos veces mismo suceso.

El comienzo de la narrativa occidental fue de transmisión oral y requirió de la memoria de aedos, a ellos debemos La Illiada y Odisea hasta que fueron fijadas por escrito con el nombre de Homero. En estos dos libros, al comienzo, el narrador aclara que su recitado lo hará una Musa, que cantará por su boca o le contará lo que habrá de narrar. Las encargadas de iluminar al relator eran las Musas o Mnemonides, hijas de Zeus, padre de los dioses, y su media hermana Mnemosine, personificación de la memoria. Las nueve Musas son las protectoras de las artes, astronomía y matemáticas, nos han dejado como herencia el vocablo museo, otra forma de conservación de la historia y memoria de hechos pasados.

En el Martín Fierro, al comienzo, en el segundo sexteto, el protagonista sigue los pasos de Homero al invocar ayuda divina: “Pido a los santos del cielo / que ayuden mi pensamiento / les pido en este momento / que voy a cantar mi historia / me refresquen la memoria / y aclaren mi entendimiento”. La introducción le da al relato otro valor que lo aproxima al de la biografía, acorde con la décima acepción de memoria para la RAE: “relación de recuerdos y datos personales de la vida de quien la escribe”. El recurso del narrador que nos cuenta su vida tiene vieja raigambre literaria, baste pensar en grandes textos de la picaresca española: Lazarillo de Tormes, El buscón y Guzmán de Alfarache.

En “Funes el memorioso”, Borges da otra visión del involucrado en los recuerdos, un hombre capaz de retener en su memoria todo lo que ha visto; en un giro paradójico Borges menciona que Funes puede evocar completamente cualquier día pasado, pero eso le llevaría un día relatarlo -hipérbole semejante nos dará en otro relato, el de un emperador chino que mandó hacer un mapa preciso de su país, tan preciso que tenía el tamaño de su imperio.

Al don de Funes, del cual hay algunos registros de personas que lo han poseído, la sicología le da un hombre: hipermnesia. Al comienzo de la película Los 39 escalones el protagonista acude a un espectáculo de Mister Memory, hombre de memoria superlativa que es capaz de responder a cualquier pregunta sobre hechos pasados que le haga el público y es, justamente, esta capacidad la que provocará el desarrollo de la trama.

A su vez el relato de la historia ha evolucionado desde los Nueve libros de historia -cada uno dedicado a una musa- de Herodoto a nuestros días. Hay una bella concepción de Marx, quien en el prólogo de El 18 Brumario de Luis Bonaparte, advierte: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia se repiten, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra como farsa”. Más adelante, Marx aclara su visión sobre el proceso histórico: el peso de todas las generaciones que los anteceden obran como una pesadilla en el pensamiento de los vivos y, cuando estos intentan revolucionar sus vidas y sucesos creando algo nuevo, nunca visto, conjuran hechos y espíritus del pasado para ponerlos a su servicio y actuar en el escenario, disfrazados en este discurso tomado en préstamo.

Ya, en vuelo más gallináceo, las líneas de recuerdos de los seres comunes se acercan a la desmemoria u olvido, cuando me encuentro con viejos amigos y recuperamos épocas pretéritas de nuestras vidas comprobamos que las líneas de evocación no son coincidentes. Es como si, al momento de nuestra conversación, iniciáramos, un viaje en tren desde el pasado, en el cual debemos inventar las paradas futuras, y eso requiere recordar estaciones dejadas atrás, algunas olvidadas, y rellenar las ausencias con analogías o fabulaciones.

Pienso si, tanto Funes, Mister Memory, o los protagonistas de los pocos casos documentadosde hipermnesia, no fueron personas muy felices; muchas veces el lastre de nuestros recuerdos abruma y se transforma en una pesadilla o, peor aún, un estado de permanente insomnio.

Luego de transitar por la vida de Martín Fierro, que en los comienzos fue: “Y sepan cuantos escuchan / de mis penas el relato”, concluye con el prudente: “sepan que olvidar lo malo / también es tener memoria”.

 

 

 

 


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